Dormir en una casa recuperada piedra a piedra, comer en el patio bajo los naranjos, bañarse con el embalse al fondo y subir andando a un volcán. Y, de vez en cuando, encontrarse un estandarte, un búho entre los pinos o una pared de periódicos antiguos que guiñan el ojo a cierto colegio de magia.
No hace falta ser fan de Harry Potter para disfrutarlo: quien lo sea encontrará sus guiños, y quien no, una casa rural para descansar.